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Miguel Herrero Uceda

Miguel Herrero Uceda simultanea su dedicación de ingeniero con las labores de conferenciante, colaborador de diversas revistas y profesor de Investigación Operativa en la Universidad Complutense de Madrid. Es licenciado en Informática y doctor en Inteligencia Artificial
Su primer encuentro con los árboles fue en su época de estudiante de bachillerato; una de sus profesoras organizaba paseos por los parques de Madrid para reconocer los distintos árboles. Con el paso del tiempo, esas enseñanzas se fueron convirtiendo en admiración y respeto que, junto con una fina sensibilidad humana, han dado fruto en un libro.
Es una persona cuyo carácter apacible esconde inquietudes intelectuales muy variadas y un gran afán por compartirlas |
_______________________ El alma de los árboles
Sábado, 14 de abril de 2007 a las 20:00
Organizado por la Asociación Sierra del Agua
C/ Maestro Galindo Arjona, 15 (antiguo minigolf)
Riópar (Albacete)
Contaremos con Miguel Herrero Uceda autor de
“El Alma de los Árboles”
Si sabemos comprender su significado, los árboles nos pueden mostrar toda su sabiduría, su esencia y su alma. A lo largo de la historia, distintas civilizaciones han sentido de igual forma cada árbol, demostrando que es el espíritu del propio árbol el que ha transmitido su esencia a las almas sensibles de cada cultura, sean poetas, músicos o pensadores. Por ejemplo, el almendro florece antes de que salgan las hojas; mientras todos los árboles tiene un aspecto invernal, el almendro ha explotado en numerosas flores blancas, por lo que siempre se ha sentido al almendro como un símbolo de precocidad, de anticipación a la primavera e incluso, ahondando un pocos más, del primer amor, un amor puro y juvenil. Así se puede ver en la Biblia , en la historia de Fílide y Acamante, dos enamorados que aparecen en la mitología griega o en unos versos de Antonio Machado que reflexiona sobre su juventud pasada sin amor y no puede hacerlo más que a la sombra de un almendro florido.
La higuera puede crecer en terrenos pobres, incluso en un muro o encima de otro árbol, es muy frondoso, da muchos frutos, cada uno de ellos con muchas semillas, por todo ello siempre se ha tenido a este árbol como un símbolo de abundancia, de prosperidad y fertilidad. Así se puede recoger en antiguas tradiciones desde la India a España y África.
Y de esta forma se puede recorrer todas las especies, porque cada árbol tiene un carácter muy marcado. Hay algunos, como las acacias, que han desarrollado estrategias increíbles para sobrevivir desde las simples espinas, hasta llegar a los ejemplares sudafricanos que se comunican entre si mediante gas etileno para dar la alarma de la llegada de herbívoros. Otras acacias, como las de Costa Rica, “contratan” a hormigas mercenarias a las que ofrecen hospedaje y alimento a cambio de protección.
Los árboles siempre han estimulado nuestra imaginación por sus singulares características, como es su extrema longevidad, su belleza o bondad. Algunos han sido testigos de épocas desconocidas para nosotros, como los milenarios cipreses del Sahara, que ya poblaban aquellas tierras cuando estaban cubiertas de bosque tropical.
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